
Cuando se habla del aborto en Argentina, normalmente aparecen dos bandos: el verde y el celeste.
Con la eutanasia la discusión es bastante menor. Muchas veces nos enteramos de casos que suceden en otros países y recién ahí empezamos a hablar del tema acá.
En este post quiero empezar por otro lado. Antes de hablar de uno u otro tema, quiero preguntar qué dice la Biblia sobre el valor de la vida humana y sobre quién tiene autoridad para quitarla.
Un marco: el ya, pero todavía no
Apocalipsis 21:4 nos deja esperando un futuro sin muerte, sin llanto y sin dolor. Mientras tanto vivimos en el medio: sabemos hacia dónde va la historia de Dios y todavía convivimos con el dolor. Mi pregunta a lo largo de todo el post es qué principios de ese futuro podemos llevar a nuestra vida cotidiana hoy.
El principio: imagen de Dios
En Génesis 1:26-27 el varón y la mujer son creados a imagen y semejanza de Dios. En Génesis 2:7, Dios forma al hombre del polvo de la tierra y sopla en él aliento de vida.
En Génesis 4 aparece el primer asesinato: Caín mata a su hermano Abel. Dios lo confronta y le pregunta qué ha hecho, porque “la sangre de Abel clama desde la tierra”.
Hay algo interesante en Génesis 4:15: Dios protege a Caín para que nadie lo mate. Eso no significa que Caín quede libre de las consecuencias de sus actos, pero tampoco deja su vida a disposición de cualquiera que quiera vengarse.
Y en Génesis 9:6, Dios relaciona explícitamente la prohibición de derramar sangre humana con el hecho de que el ser humano fue creado a su imagen.
La vida humana tiene un valor especial porque somos portadores de la imagen de Dios. Ese es el fundamento.
Pero la Biblia también tiene muertes
Si seguimos leyendo el Antiguo Testamento, hay guerras, penas de muerte y casos donde Dios ordena quitar la vida de otros seres humanos. Algunos relatos resultan crueles y feos, pero están ahí, y no podemos decir que esos textos no existen. Michael Bird, en una entrevista que le hice, describió buena parte del Antiguo Testamento como algo que parece de Game of Thrones.
Por eso no podemos tratar todas las muertes de la Biblia como si fueran lo mismo. Hay una diferencia entre una muerte ordenada por una autoridad legítima, dentro del contexto particular del pacto con Israel, y una decisión privada de quitarle la vida a otro. Carmen Imes, en Portadores de su nombre, nos ayuda a ver que no se trata de cualquier pueblo, sino del pueblo que YHWH elige para llevar su nombre. Sus leyes buscaban ordenar la convivencia de ese pueblo, y no son un manual para que cada uno decida sobre otros.
Así que mi pregunta es esta: ¿tenemos nosotros el derecho de disponer de la vida de otro ser humano por nuestra propia voluntad?
“Ok, pero Vero: ¿y no estoy yo decidiendo por la vida de la mujer y del niño al prohibir o permitir?”
Sí. Toda postura, la que prohíbe y la que permite, decide algo sobre alguien. Nadie opina desde un lugar neutral. Justamente por eso importa de dónde sale nuestro criterio: tiene que salir de lo que Dios dice sobre la vida, y no solo de nuestra ideología o de nuestro bando.
Éxodo 21:22-25

Normalmente, cuando se aborda el aborto desde la Biblia, se mencionan el Salmo 139 y el encuentro entre María e Elisabet en Lucas 1. Son los textos de evangélico de taquito. No digo que no aporten, pero el Salmo 139 es una oración sobre el conocimiento y el cuidado de Dios, y Lucas 1 tiene un propósito narrativo y, sobre todo, cristológico.
Hay otro pasaje que me interesa mucho más: Éxodo 21:22-25. Es una legislación sobre dos hombres que pelean y, como consecuencia, una mujer embarazada resulta herida. La ley establece distintas sanciones según el daño causado.
Y acá hay que ser honestos: el texto presenta dificultades. Algunos lo leen como un parto prematuro, donde el castigo depende de si hay daño o no a la madre y al bebé. Otros, como una pérdida del embarazo, con una multa por esa pérdida y la ley del talión aplicada solo a la madre. La traducción griega antigua incluso introdujo una distinción entre feto “formado” y “no formado” que influyó durante siglos. Además, el texto no habla de una mujer que decide abortar, sino de las consecuencias de una pelea.
Este pasaje no me resuelve el debate, y creo que eso es justamente lo valioso: un texto que no se puede usar apresuradamente es un texto que nos obliga a estudiar su contexto legal en lugar de forzarlo para defender una postura o desmerecer otra.
Y ahora te pregunto a vos: ¿cómo lo leés? ¿Qué creés que resuelve y qué no? Te leo.
La mujer y los casos difíciles
La mujer embarazada también fue creada a imagen de Dios. Su vida, su dignidad y las circunstancias que atraviesa no pueden quedar fuera de esta conversación. Cuando hablamos de aborto, hablamos de dos vidas, no de una, y de decisiones con consecuencias irreversibles.
Por eso creo que, viendo que Dios busca preservar su creación, debemos hablar de preservar vidas. No de permitir muertes. La idea es buscar una solución para preservar ambas vidas siempre que sea posible, entendiendo que ambas son hechas a imagen y semejanza de Dios.
Pero esa frase no es un slogan, y hay casos que nos obligan a pensar con más profundidad. ¿Qué hacemos en un embarazo ectópico? En un ectópico tubárico no existe la posibilidad de que el embarazo llegue a término, y hay que intervenir médicamente para proteger la vida de la mujer. ¿Y en los casos de niñas de 8 años? Existen, y no son preguntas menores. Para quien los vive no son un caso aislado, son su vida entera.
Estos casos no los podemos ignorar, pero tampoco pueden ser la única base sobre la que construimos toda nuestra postura. Hay que dejar que nos desafíen sin dejar que lo definan todo.
¿Y la eutanasia? ¿Y la gente en coma hace años?

Bajo el mismo principio, creo que debemos actuar conforme a lo que el Señor nos enseña sobre la vida humana. Pero hay que hacer distinciones.
No es lo mismo provocar deliberadamente la muerte de una persona, trasladando a otro la responsabilidad de ese acto, que decidir no continuar con un tratamiento que solamente prolonga una situación irreversible. Tampoco es lo mismo estar en coma, tener muerte cerebral o depender de una máquina. Son situaciones diferentes y no podemos mezclarlas.
De hecho, en Argentina existe desde 2012 la Ley de Muerte Digna (26.742), que contempla el rechazo de determinados tratamientos y medidas de soporte vital en circunstancias específicas. Eso no es lo mismo que la eutanasia.
Dentro del cristianismo hay quienes ponen los límites en lugares distintos, por ejemplo respecto de retirar la hidratación y la nutrición. La eutanasia es un tema que merece su propio post, pero me parece importante distinguir estas cosas antes de construir cualquier argumento. Por eso lo menciono.
Lo que nos toca a nosotros
No alcanza con decir que queremos preservar la vida si después somos indiferentes con quienes necesitan ayuda. La mujer con un embarazo complicado, la niña, la familia que cuida a alguien en coma hace años: ¿dónde estamos nosotros cuando eso sucede?
Apocalipsis nos deja esperando un futuro donde la muerte ya no existe, no hay más llanto ni dolor, no hay noche. Creo que vale la pena preguntarnos qué estamos haciendo hoy para llevar los principios del ya, pero todavía no, a nuestra vida cotidiana.
Acciones concretas que la iglesia puede tomar hoy
Preservar la vida también se vive en lo cotidiano. Algunas ideas para empezar:
- Acompañar. Llorar con los que lloran.
- Formar a los pastores con cursos de especialización en acompañamiento de embarazos vulnerables.
- Pedir ayuda profesional en el caso de los niños. Buscar especialistas en infancia y capacitarnos.
- Actuar en nuestro entorno para llevar a la práctica los principios de Dios.
- Tomar cada caso con sensibilidad, sin ser ajenos a la realidad y al contexto social y cultural de las personas.
- Educar a la iglesia con la Palabra de Dios y con los avances científicos sobre estos temas. Dios obra por medio de su Palabra, pero la ciencia también es una herramienta que nos da claridad sobre qué hacer en ciertas situaciones médicas.
- Informarnos con buenas fuentes, buscarlas y darlas a conocer.
- Escuchar a profesionales de la salud del área de obstetricia y de salud mental.
- Visibilizar cómo se tratan los casos de síndrome de Down y de otras condiciones. Hay influencers en redes que lo hacen muy bien, como Juan de Montreal. Una condición así no es un criterio para poner fin a la vida.
- Escuchar la voz de Dios por medio de su Palabra y la guía del Espíritu Santo.

